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«Miedo-pena. No sé si existe un término para ese sentimiento a medio camino entre lo que te espanta el alma y lo que te la parte.

Verás, durante mucho tiempo me dio una mezcla de miedo y pena sacar al mercado un producto de alimentación dónde todo está tan adulterado y lleno de mentiras, empezando por los anuncios de publicidad y terminado por las propias etiquetas de los productos.

Sé que suena raro en un lugar en el que todo el mundo busca vender más, sin importarle la salud de aquellos que los consumen, solo atienden a un único fin su cuenta de resultados.

Pero, a su vez, me entristecía no dar esa oportunidad a las personas y educarlas hacia una alimentación fuera de todos esos engaños.

Perder la piel, el tacto y tus propios valores, desdibujar lo humano persiguiendo las reglas que te dicta la gran industria, era algo que tenía claro que NO quería hacer.

No me han educado para engañar y enriquecerme a costa de ello.

Y hoy este pensamiento toma más relevancia porque se empieza a ver la luz al final del túnel, y aunque no hay que bajar la guardia parece que la verdad triunfa.

Y te cuento esto porque, a pesar de que ya lo sabía y no me cae de sorpresa, parece que hay alguien más que se da cuenta, y esto es una buena noticia.

Es un asunto serio y que nos afecta a todos.

Me refiero a la especulación de los precios del aceite de oliva en el supermercado que ha denunciado la FACUA.

Que siguen dando que hablar y que la historia no acabará aquí…

Se empezó con detectar marcas que ponían en su etiqueta aceite de oliva y que lo mezclaban, y suma y sigue….

¿Quién iba a decir que el humilde aceite de oliva iba a ser protagonista de una trama que haría palidecer a las mejores series de intriga?

Pero aquí estamos, frente a un aumento del 9%( más de lo que había subido) en nuestras queridas botellas de aceite de oliva virgen extra.

¡Algo huele mal en los estantes!

¿Y quiénes son los sospechosos de este incremento?

Nada más y nada menos que los grandes nombres del mundo de la distribución: Alcampo, Aldi, Carrefour, Dia, Eroski, Hipercor, Lidl y Mercadona.

¡Un reparto de lujo para esta comedia de enredos en el pasillo de los aceites!

Lo más curioso es que este incremento no parece tener justificación alguna.

¿Acaso los olivos decidieron hacer huelga y dejar de producir aceite?

¿O los envases de las botellas empezaron a fabricarse con incrustaciones de oro en lugar de vidrio?

Pues no… algo más se cuece en esta historia de terror.

Lo peor es que nos quedamos de brazos cruzados ante la injusticia y seguimos comprando aceite en el supermercado.

Debemos exigir transparencia y responsabilidad a estos gigantes de la distribución que pretenden hacerse con el control de todo, de nuestra salud, de lo que comemos e incluso de nuestro dinero.

En nuestras manos está actuar con inteligencia y firmeza, ser un consumidor informado y exigir, por lo menos, un trato justo en el mercado.

Estas prácticas de especulación de precios no solo afectan directamente a los consumidores, sino que también tienen un impacto negativo en la economía, al desequilibrar el acceso a los alimentos de primera necesidad.

Además, violan los principios fundamentales de la competencia justa y la protección del consumidor. La legalidad en las prácticas comerciales es crucial para garantizar un mercado equitativo y transparente que beneficie a todos los involucrados.

Si quieres ver la noticia puedes pinchar aquí.

Y si te interesa los beneficios que tiene para ti comprar un aceite directo al productor : pincha aquí.

 

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